GAP apuesta por la diversidad: ¿respuesta o provocación al troleo contra Sydney Sweeney?

La moda, ese espejo narcisista de la sociedad, vuelve a encender el debate sobre diversidad, inclusión, DEIB y… juegos de palabras de dudoso gusto. Mientras American Eagle sigue lamiéndose las heridas tras la polémica campaña con Sydney Sweeney, GAP se sube a la pasarela de la corrección política —o de la evolución necesaria, según quién lo mire— con su nuevo lanzamiento: “Better in Denim”, una colaboración con el grupo femenino Katseye que quiere ser la oda multicultural del otoño.

El contraste no podría ser más jugoso. American Eagle intentó jugar con la frase “Sydney Sweeney has great jeans”, donde la ambigüedad entre jeans y genes terminó convirtiéndose en un boomerang de memes y críticas. GAP, en cambio, eligió la vía opuesta: diversidad, frescura y un aire Y2K que recuerda a las coreografías de los videoclips de MTV a inicios de los 2000. Minifaldas de mezclilla, tiro bajo y la inconfundible base rítmica de Milkshake de Kelis: un cóctel nostálgico que, paradójicamente, busca conquistar a una generación que ni siquiera había nacido cuando esas canciones sonaban en la radio.

Katseye, el grupo protagonista de la campaña, funciona como metáfora perfecta del mensaje: cada integrante proviene de un rincón distinto del mundo. Una torre de Babel pop, convertida en modelo de cómo la diversidad puede ser rentable, cool y sobre todo, publicitaria. GAP lo resume con frases que suenan a manifiesto de Instagram: “Tu individualidad. Tu autoexpresión. Tu estilo. Poderoso por sí solo. Aún mejor en conjunto.”

La ironía está servida: mientras American Eagle fue acusada de esconder mensajes subliminales y troleada sin piedad en redes, GAP recibe aplausos por demostrar —según muchos usuarios— que es posible vender jeans sin meterse en charcos ideológicos sospechosos. “Elegir una canción de una mujer negra, usando un elenco súper diverso, «es mejor que la tuya» Está disparando directamente a Sydney Sweeney American Eagle, me encanta”, escribió un usuario en X, con esa ternura que caracteriza al internet cuando huele sangre. Otros, más conciliadores, celebraron el marketing de GAP con comentarios como: “Ahora bien, este es un anuncio de jeans que puedo respaldar”.

El trasfondo, sin embargo, va más allá del espectáculo del troleo digital. En un mercado saturado de discursos aspiracionales, la moda se enfrenta a su propia contradicción: por un lado, necesita mantener la promesa de originalidad y rebeldía; por otro, debe alinearse con las narrativas sociales actuales de inclusión y diversidad. GAP ha optado por la segunda opción, consciente de que el consumidor joven compra mezclilla, pero también compra símbolos.

¿Será suficiente? ¿O el brillo de la nostalgia Y2K se apagará tan rápido como el último meme sobre Sydney Sweeney? Al final, quizás la verdadera pregunta es otra: ¿puede un par de jeans convertirse en declaración política o todo esto es simplemente la reinvención cíclica de la mercadotecnia?

Lo cierto es que, por ahora, GAP ha conseguido lo que toda marca ansía: estar en boca de todos. O, mejor dicho, en los feeds de todos. Y en la era digital, eso es tan valioso como el denim más resistente.