Después del terremoto: El rol de la comunicación ante desastres naturales

Cuando el suelo deja de temblar, comienza otra emergencia. Una que no aparece en los reportes de daños estructurales, pero que puede definir si las personas evacúan a tiempo, encuentran ayuda o toman decisiones peligrosas basadas en información falsa.

Es la crisis de la información. Y sus consecuencias pueden ser reales.

Comunicación después de un terremoto: cómo informar puede salvar vidas durante un desastre natural

La comunicación durante y después de un terremoto no es un elemento secundario de la respuesta ante desastres naturales. Es una herramienta fundamental para proteger vidas, reducir la incertidumbre y orientar a la población en momentos donde cada decisión importa.

Cuando el suelo deja de temblar, comienza otra emergencia. Una que no aparece en los reportes de daños estructurales, pero que puede determinar si las personas evacúan a tiempo, si buscan ayuda donde corresponde, o si toman decisiones peligrosas basadas en información falsa.

Es la crisis de la información. Y tiene consecuencias reales.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) lo plantea sin rodeos: la cobertura mediática y la comunicación oficial no son periféricas a la respuesta de emergencia; son parte de ella. «Los medios de comunicación configuran la percepción que tiene el público de los riesgos que plantean las amenazas naturales», señala la UNDRR en su programa regional para América Latina y el Caribe. Esa percepción influye en decisiones individuales y colectivas que pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte.

El problema es que, en la mayoría de los países de la región, la comunicación de crisis sigue siendo improvisada.

El silencio de las autoridades también es un riesgo

En los minutos posteriores a un terremoto, la necesidad de información suele superar la capacidad de respuesta institucional. Cuando las autoridades tardan en comunicar, aparece un vacío que rápidamente ocupan los rumores.

Las redes sociales se convierten en el principal canal de circulación de mensajes, pero también de información falsa, videos antiguos, audios sin confirmar y alertas alarmistas.

El patrón se repite después de distintos desastres naturales: la desinformación aumenta precisamente cuando las personas más necesitan datos confiables.

Un primer mensaje oficial no necesita tener todas las respuestas. Pero sí debe transmitir algo esencial: que existe coordinación, que se está evaluando la situación y que habrá actualizaciones claras.

El silencio institucional puede aumentar el miedo y debilitar la confianza pública.

La comunicación de emergencia debe ser clara y oportuna

Una buena estrategia de comunicación después de un terremoto no consiste solamente en informar lo ocurrido. Consiste en ayudar a las personas a actuar.

Frases como “mantenga la calma” no son suficientes si no están acompañadas de instrucciones concretas.

La población necesita saber:

  • qué zonas presentan riesgo
  • qué hacer ante posibles réplicas
  • cómo acceder a ayuda
  • dónde obtener información oficial
  • qué servicios básicos están afectados

La comunicación efectiva convierte la preocupación en acciones concretas.

La confianza se construye con transparencia

Durante una emergencia, las autoridades enfrentan una presión enorme: entregar información rápida sin generar más incertidumbre.

Uno de los errores más frecuentes es entregar certezas antes de contar con datos confirmados.

Decir “esta información está siendo evaluada” o “actualizaremos los datos cuando sean confirmados” no demuestra debilidad. Al contrario, ayuda a proteger la credibilidad.

La confianza pública se pierde cuando las instituciones entregan información contradictoria o intentan minimizar una situación que la población está viviendo directamente.

Cuando la política interfiere con la información

La comunicación de crisis también enfrenta un desafío menos visible: la presión política.

Minimizar daños, retrasar cifras oficiales o transformar una emergencia en una oportunidad de imagen pública puede afectar la respuesta.

La comunicación en desastres naturales no debe centrarse en proteger la reputación de una institución, sino en proteger a las personas.

Informar con honestidad requiere reconocer lo que se sabe, lo que todavía se está investigando y cuáles son las acciones que se están tomando.

Después del primer día: la emergencia continúa

Cuando termina el movimiento sísmico, la crisis no desaparece.

Comienzan nuevas necesidades: familias sin vivienda, comunidades afectadas, servicios interrumpidos y personas que necesitan apoyo durante semanas o meses.

En esta etapa, la comunicación cambia de objetivo. Ya no se trata solo de controlar la emergencia inmediata, sino de acompañar la recuperación.

La ciudadanía necesita saber qué ocurrirá después, cuáles son los avances y cómo acceder a los programas de ayuda.

Una emergencia también se gestiona manteniendo informadas a las comunidades.

Informar para todas las personas: la importancia de la accesibilidad

Existe una pregunta que los sistemas de comunicación de emergencia deberían hacerse antes de cualquier desastre:

¿A quién estamos dejando fuera de este mensaje?

La información que no considera la diversidad de la población puede convertirse en una barrera peligrosa.

Las personas con discapacidad enfrentan mayores riesgos durante los desastres naturales cuando las alertas y recomendaciones no están disponibles en formatos accesibles.

Un mensaje escrito puede excluir a personas con dificultades de lectura o comprensión. Una alerta sonora no llega a personas sordas. Una instrucción de evacuación que no considera movilidad reducida puede ser imposible de seguir.

La comunicación de emergencia debe diseñarse pensando en todas las personas desde el inicio.

La accesibilidad no es un extra: es una necesidad

La comunicación inclusiva en terremotos y otras emergencias no es un gesto adicional ni una decisión opcional.

Es una condición básica para que todas las personas puedan recibir información, protegerse y tomar decisiones.

Algunas experiencias internacionales han demostrado que existen soluciones: interpretación en lengua de señas durante transmisiones, alertas adaptadas, protocolos inclusivos y sistemas diseñados para distintas necesidades.

La gestión del riesgo de desastres requiere comunicación accesible, porque una advertencia que no llega a todos no cumple su objetivo.

El rol de los medios frente a los desastres naturales

El periodismo tiene una responsabilidad clave antes, durante y después de una emergencia.

No solo debe informar sobre los daños, sino también ayudar a comprender qué está ocurriendo, verificar información y difundir herramientas útiles para la comunidad.

La comunicación responsable puede reducir el miedo, combatir rumores y fortalecer la capacidad de respuesta de una sociedad.

La pregunta ya no es si informar puede salvar vidas después de un terremoto.

La evidencia demuestra que sí.

El desafío es que los gobiernos, instituciones y medios comprendan que la comunicación debe ser parte central de la preparación antes de que ocurra el próximo desastre.