¿Desde cuándo una tipografía se volvió una amenaza ideológica?

Esta semana se conoció que el Departamento de Estado de EE.UU. dejará de usar Calibri por considerarla “woke” y volverá a Times New Roman para “restaurar el profesionalismo”.
No es un debate de diseño. Es un gesto político.

Las tipografías no promueven agendas.
Las decisiones institucionales, sí.

El cambio a Calibri no fue estético: respondió a criterios de legibilidad y accesibilidad, especialmente para personas con dificultades visuales o de lectura. Revertirlo no mejora la comunicación; envía un mensaje: todo lo asociado a diversidad, equidad e inclusión es prescindible, incluso cuando funciona.

Cuando lo simbólico se convierte en campo de batalla, el impacto no es menor:
– se erosiona la cultura organizacional
– se deslegitiman criterios técnicos
– se instala la idea de que la inclusión es ideología, no gestión

El profesionalismo no está en la fuente que usamos,
sino en qué valores decidimos sostener cuando nadie nos obliga.

Porque hoy es una tipografía.
Mañana, puede ser el derecho a leer, participar o pertenecer.

OPINIÓN | Columnistas con Causa | Escrito por: Vanessa Vallejo

Comparta esta información en sus redes sociales: